JUAN ABELLÓ:
Siempre ha tenido buena puntería para las cacerías financieras. Esta semana ha tomado el control de Vallehermoso, la primera inmobiliaria española. Es la última pieza para el mayor terrateniente de España, una de sus mejores escopetas y mecenas del arte. No está mal para quien se define como «boticario»
Siempre ha sido discreto, independiente, cordial, minucioso, avezado estratega, hogareño, celoso de su vida privada, fiel a sus amigos, apasionado por el campo sus más de 20.000 hectáreas de campo el arte, la Historia y el fútbol son muchos los calificativos que se pueden aplicar a Juan Abelló, aunque su mejor definición sea la de gran cazador, se trate de perdices o de negocios.
Protagonista en solitario de una próspera carrera que le ha llevado a participar en más de 30 sociedades de sectores tan dispares como el inmobiliario o el de la alimentación, cualquier día puede convertirse en una buena jornada de caza para este terrateniente, experto ojeador, que donde pone el ojo, pone la bala. Así lo corroboran los brillantes resultados de algunas de sus operaciones financieras, empezando por la venta de Antibióticos a la italiana Montedison y siguiendo por su entrada y salida de Airtel, para acabar por su más reciente incursión en el mercado inmobiliario de la mano de Sacyr y Vallehermoso.
Operaciones que lo sacaron de su añorado anonimato allá por los años 80, cuando empresarios y banqueros empezaban a ser objeto del deseo para la prensa económica y del corazón. Los españoles pusieron entonces cara a los grandes hombres de las finanzas; Mario Conde, los Albertos, los Botín, las hermanas Koplowitz y, desde luego, Juan Abelló. Aunque él nunca se ha acostumbrado y rehúye las entrevistas apenas ha concedido una a un diario de Reus, por aquello de que su padre era de allí, y otra más reciente al diario ABC para hablar de arte y las apariciones en el papel couché. No es que sea huraño o antisocial, todo lo contrario. Sus cacerías, rodeado de sus hijos, sus amigos de todas partes del mundo y sus colaboradores son más que frecuentes, como lo son su gusto por las francachelas sea en la Feria de Sevilla o por San Isidro. Pero de ahí a estar en primera fila
No ha logrado sin embargo eludir la fama. Su prestigio como financiero serio y riguroso, y sus contactos muchos forjados en sus fincas de Cádiz o de Toledo con figuras de la economía internacional lo han mantenido siempre en el candelero. Más de una empresa ha entrado de su mano en nuestro país, desde la Unión de Bancos Suizos (UBS) al grupo Tengelman o la eléctrica Enron.
A ello se suman sus propios negocios, gestionados a través de la sociedad Torreal, y el ser dueño de una de las primeras pinacotecas privadas de España. Porque Juan Abelló puede presumir de museo propio e incluso de ser un gran experto en arte al que admira y temen los mejores marchantes por aquello de que no acepta gato por liebre. Su ingente colección le ha servido incluso para saldar sus cuentas con el fisco pagando con un Tapies o un Granach.
jueves, 4 de marzo de 2010
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